Tomar decisiones éticas no es un ejercicio teórico, sino una práctica viva que repercute en nuestra vida personal, los grupos, las organizaciones y, al final, en el mundo entero. Desde nuestra experiencia, comprendemos la ética aplicada como un proceso consciente que combina reflexión, madurez emocional, claridad en valores y responsabilidad con el entorno social. En este contexto, proponemos seis criterios que pueden guiar decisiones verdaderamente éticas y conscientes, permitiendo que cada acción individual genere impacto en el bienestar colectivo.
La ética como práctica consciente
Antes de presentar estos criterios, queremos compartir una vivencia: alguna vez, detenerse a pensar profundamente en el impacto de una simple decisión laboral nos llevó a descubrir consecuencias inesperadas en otras áreas de nuestras vidas. Una elección en apariencia pequeña puede resonar más allá de lo previsto. Esta experiencia nos enseñó que actuar éticamente implica poner atención plena en el presente, pero también proyectar comprensión sobre el futuro y los demás.
No existe una decisión aislada de su contexto.
Por eso abordamos la ética no como un sistema rígido de normas, sino como una invitación a la consciencia activa en cada momento. Veamos cómo estos seis criterios pueden orientar este camino.
Primer criterio: coherencia interna
La coherencia interna surge cuando nuestros pensamientos, emociones y acciones están alineados con nuestros valores más profundos. Muchas veces, las dudas surgen porque sentimos una tensión entre lo que pensamos, lo que sentimos y lo que terminamos haciendo. Hemos comprobado en distintos contextos que examinar esta coherencia es un primer paso para que las decisiones no entren en conflicto con nuestro propio sentido de integridad.
Cuando nuestras decisiones respetan nuestra integridad, generamos una sensación de paz y claridad interior difícil de encontrar por otros caminos.
Esto requiere hacernos preguntas como: ¿Esto que decido refleja realmente lo que creo y valoro? ¿Estoy reaccionando desde miedo, presión social o desde convicción auténtica? Este proceso, aunque no siempre es cómodo, abre la puerta hacia una ética vivida desde dentro.

Segundo criterio: impacto en el entorno
Al tomar una decisión ética, siempre nos preguntamos cómo afecta a otros. Esto no solamente involucra a quienes están cerca, sino a todo el sistema relacionado: compañeros, familia, clientes, comunidades y el medio ambiente. Con frecuencia, nos sorprendemos al descubrir repercusiones más amplias de las que habíamos anticipado.
Una decisión ética debe contemplar su efecto más allá de lo inmediato, valorando el bienestar de los involucrados directa e indirectamente.
- ¿Quiénes se verán afectados?
- ¿Esta decisión promueve justicia, equidad y bienestar?
- ¿Contribuye a una cultura más humana y responsable?
Considerar el impacto completo permite dimensionar la responsabilidad que tenemos como seres influyentes en la realidad colectiva.
Tercer criterio: madurez emocional
Las emociones guían movimientos internos, decisiones y actitudes. Cuando operamos desde reactividad, miedo o ego herido, es fácil perder claridad ética. Nosotros sostenemos que un paso clave para decidir con conciencia es reconocer y gestionar las propias emociones antes de actuar.
Esto implica detenernos y preguntarnos: ¿Desde qué emoción estoy decidiendo? ¿Estoy eligiendo reaccionar o responder? Al hacerlo, abrimos la puerta a una toma de decisiones más equilibrada y consciente, evitando acciones destructivas o impulsivas.
El autocontrol emocional es la antesala de toda decisión ética auténtica.
Desarrollar madurez emocional no significa reprimir lo que sentimos, sino integrar esas emociones en el proceso, permitiendo que nuestra respuesta emerja desde mayor serenidad y claridad interior.
Cuarto criterio: claridad ética y valores
En nuestra experiencia, los dilemas surgen cuando los valores parecen entrar en conflicto. Por eso, resulta útil identificar y priorizar los valores que nos orientan: honestidad, responsabilidad, empatía, respeto, justicia, entre otros. Nadie puede decidir éticamente si no ha aclarado para sí mismo cuáles son sus principios fundantes.
Tener claros y presentes nuestros valores nos previene de actuar por impulsos o bajo la influencia de intereses externos.
Una práctica que recomendamos es escribir o compartir en espacios de confianza cuáles son nuestros valores universales, y acudir a ellos en situaciones de decisión. De este modo, construimos un marco propio desde donde actuar.

Quinto criterio: responsabilidad sistémica
La responsabilidad sistémica nos invita a mirar más allá del efecto directo de nuestras elecciones. Toda acción impacta los sistemas invisibles a los que pertenecemos: familias, organizaciones, comunidades y la sociedad. En nuestra trayectoria, hemos visto cómo decisiones aparentemente “pequeñas” rompen patrones históricos o refuerzan estructuras negativas.
Enfocarnos en la responsabilidad sistémica nos lleva a preguntarnos: ¿Esta acción suma o resta al tejido colectivo del que soy parte? ¿Estoy siendo consciente de los sistemas que afectan y son afectados por mi decisión?
La ética sistémica reconoce que transformar el mundo empieza por asumir la influencia real que tienen nuestras elecciones cotidianas.
Sexto criterio: contribución a la evolución colectiva
Finalmente, sostenemos que toda decisión ética auténtica debe contribuir a la evolución y bienestar común. Este criterio nos aleja del egoísmo o la mera satisfacción personal, y nos acerca a la corresponsabilidad y la construcción colectiva de futuro.
Preguntémonos: ¿Mi decisión aporta crecimiento, paz, integración o desarrollo al entorno? ¿Favorece el florecimiento de las personas y los grupos implicados?
En nuestra práctica, hemos visto cómo aplicar este criterio genera resultados sostenibles en el tiempo y una satisfacción más profunda, al saber que formamos parte de una evolución conjunta.
Integrar los seis criterios en la vida cotidiana
Proponemos aplicar estos criterios en cada decisión relevante, desde lo profesional hasta lo personal. Los listamos juntos para que sea más fácil recordarlos:
- Coherencia interna
- Impacto en el entorno
- Madurez emocional
- Claridad ética y valores
- Responsabilidad sistémica
- Contribución a la evolución colectiva
En nuestro camino, hemos encontrado inspiración y herramientas valiosas al profundizar en temas como ética aplicada, nivel de conciencia, el desarrollo humano consciente, impacto social y formas de liderazgo con integridad, temáticas que amplían y profundizan este enfoque.
Conclusión
Tomar decisiones éticas desde la consciencia requiere atención plena, apertura a nuevas perspectivas y un profundo compromiso con el bien común. Nos resulta evidente que estos seis criterios actúan como brújula en medio de la complejidad diaria, invitándonos a reflexionar antes de actuar y a considerar la huella que deja cada decisión.
La ética consciente no es un ideal lejano, sino una práctica cotidiana capaz de transformar realidades. Elegir con conciencia es la verdadera raíz de una vida significativa para nosotros y para todos.
Preguntas frecuentes sobre la consciencia marquesiana y los criterios éticos
¿Qué es la consciencia marquesiana?
La consciencia marquesiana es un enfoque integral que entiende al ser humano como un agente activo de influencia en sus contextos personales, sociales y organizacionales. Se basa en el desarrollo de la presencia, la madurez emocional, la claridad ética y la comprensión de los sistemas que atraviesan cada decisión y relación. Su objetivo es que las personas actúen desde un nivel de conciencia elevado, generando impacto real y positivo en su entorno.
¿Cuáles son los seis criterios éticos?
Los seis criterios éticos propuestos para tomar decisiones desde la consciencia marquesiana son: coherencia interna, impacto en el entorno, madurez emocional, claridad ética y valores, responsabilidad sistémica y contribución a la evolución colectiva. Cada criterio aporta una perspectiva diferente que, en conjunto, conduce a una toma de decisiones más consciente, responsable y efectiva.
¿Para qué sirve la toma de decisiones éticas?
La toma de decisiones éticas permite construir relaciones de confianza, generar bienestar colectivo y crear entornos sostenibles y justos. Cuando actuamos éticamente, fortalecemos nuestra integridad personal y profesional, damos ejemplo y aportamos a una cultura de mayor responsabilidad social.
¿Cómo aplicar los criterios marquesianos?
Para aplicar los criterios marquesianos en la vida diaria, recomendamos pausar antes de decidir, reflexionar sobre cada uno de los seis criterios, dialogar con personas de confianza, reconocer las propias emociones y revisar los posibles efectos a corto, mediano y largo plazo. Integrar estos pasos en la rutina facilita que las decisiones sean más conscientes y alineadas con el bienestar común.
¿Dónde puedo aprender más sobre ética marquesiana?
En nuestra experiencia, ampliar conocimientos sobre ética marquesiana resulta sencillo al buscar recursos de calidad en espacios dedicados a ética, conciencia, desarrollo humano, impacto social y liderazgo consciente. Revisar artículos, talleres y reflexiones en plataformas especializadas puede brindar nuevas herramientas y perspectivas para la integración práctica de estos principios.
